Decidí comenzar a prepararme.
Terminé de echarme mis cremas detrás de una larga ducha. Me puse un brasier negro, de tal forma que no se me veía cuando me pusiera el vestido, y unas braguitas negras.
Me puse en marcha para colocarme el vestido. Volví a cogerlo sintiendo la suave tela en mis dedos, metí la cabeza y dejé que se deslizara por mi cuerpo como si bailara, que fui lo que yo hice a continuación.
Era mi talla, el largo era el indicado. Era el vestido perfecto.
Llamaron a la puerta del baño, me sobresalté ya que mis pensamientos me alejaron de la realidad.
-¿Sí?
-Cariño, soy mamá.
-Pasa.
Entró y solo le dio tiempo a dar un paso, me miro de arriba abajo con la mano aun puesta en el pomo de la puerta, tenía la boca casi formando una "O".
-¿Qué te parece?
-Que te has echado un novio con muy buen gusto. Una pena que tu padre esté trabajando y no te pueda ver.
Mi expresión cambió un poco y ella lo notó, la verdad es que si me gustaría que me viera. Por una vez me sentía... Bonita.
-Te maquillaré y peinaré, ¿Si?
Le asentí y me senté en una pequeña silla mirando al espejo y dejé que mi madre me peinara.
Ella hizo peluquería y estética varios años atrás. De pequeña mis peinados le llamaban la atención a todos los profesores, me hacía unas trenzas y coletas perfectas, pero sobretodo me llenaba de adornos. Un día orquillas de colores, otros gomas con animales, felpas, etc.
Una de mis fotos preferidas es en el colegio, con Brit. Estamos abrazadas, ella lleva dos coletitas con dos coleteros celestes, y yo una felta fina rosa claro, con una flor. Las dos peinadas por mi madre.
-¿En que piensas Emma?
-En los peinados que me hacías de pequeña.
-Oh... Llamabas la antención a todo el mundo.
-Yo no, tus peinados.
-Mis peinados ayudaban, pero tus preciosos ojos verdes y tus ondulaciones en el pelo te hacían la niña más adorable del mundo.
-De pequeña tenía el pelo mejor.-Dije observándome el actual.
-Lo tienes igual, solo que antes tenías alguna que otras mechas de más rubias.
-Me gustaban.
-Y a mi, pero ahora hay que concentrarnos en el peinado que te estoy haciendo, así que no muevas la cabeza.
Reí y le hice caso. Empezó a hacerme unos rizos perfectos en las puntas, luego me dibujo con el peine una raya en la parte derecha, echando parte de mi pelo al lado izquierdo. Por último echó laca.
-Listo, ahora el maquillaje.
Mi pelo me encantaba, tenía la cara al descubierto aun con dos mechones sobre los hombros.
-¿Te gusta?
-Mucho.
Ella sonrío orgullosa, al igual que yo.
Giré la silla dándole la espalda al espejo, miraba a mi madre mientras ella sacaba cajas y cajas de pinturas. Trangué saliva.
-No me pintes mucho, puedo parecer una payasa.
-Estas preciosa al natural.-Se acercó con un tarrito en mi mano.-Así que no te hará falta mucho.
Echó en una esponja el contenido de ese bote, maquillaje. Me puso una base cubriendo algunas imperfecciones y dándole algo de tonalidad a mi piel. Encima un poco de coloretes en polvo, de un marrón rosado. Pasó la brocha por toda mi cara una vez, y unas tres veces en mis mejillas.
-No te pases mamá.
-Tranquila.
Suspiré y siguió a lo suyo, una línea fina negra por abajo y arriba, manchó la brocha de ojos de un dorado, luego la pasó por el parpado del ojo derecho, luego el izquierdo. Y así unas dos veces. En el lagrimal un poco de blanco, y por la parte del rabillo y poco más abajo de las cejas un gris casi negro. Muy bonito.
Acabó con un poco de brillo labial y rimmel.
-Ahora sí que sí, acabada.
Me giré mirándome al espejo, quedando cara a cara con este. Me encantaba como había combinado los colores con mi vestido y el color de mis ojos, y al peinado, como le había dado toques increíbles. Cogí un poco de mi perfume favorito, vertí unas gotas en mi cuello y mis muñecas.
-Eres una genia.
-Solo es práctica.
Dos toques en el timbre, una calor de adrenalina subió desde mis pies hasta mi cabeza. Bajé las escaleras agarándome el vestido como si fuera Cenicienta que va al baile y va a montarse en la carroza.
-Madre mía.-Escuché de una voz inconfundible. Brit.
-Hola.-Dije una vez a lado de ella.
-Tía... Vas perfecta.
-Gracias.
Algo me llamó la antención, ella no iba arreglada, iba en vaqueros y camisa sencilla.
-¿No te arreglas? ¿Ha habido cambio de planes?
-Oh no no, solo que yo me visto allí, en la casita donde estaremos tengo la ropa.
Asentí aliviada, mi cara había tenido que ser un poema hace unos segundos.
Me acerqué a mi madre y le dí un besito en la mejilla, ella me contestó con lo mismo.
-Llámame, te he hecho algo de comida, la tienes en la maleta. Te he metido un jersey de más por si tienes frío y...
-Mamá, gracias, pero no hacía falta. Te llamaré cuando llegue y cada 5 minutos.-Reímos.
-Esta bien cielo.
Cogí las maletas que estaban en la entrada, que con la ayuda de Brit llevé al coche.
-¿Cómo vas a ir vestida?.-Pregunté por curiosidad.
-Bueno...-Se mantuvo en silencio unos segundos.-Largo, igual que el tuyo. De color azul.
-Seguro que te queda muy bien.
-Sí.
Miré de nuevo mi vestido mientras Brit ponía el coche en marcha. Tiene que costar un ojo de la cara, y esta claro que luego hablaré con Justin, se lo pagaré poco a poco.
Nunca me ha gustado depender de la gente, aun que ahora mi felicidad dependa de él. No me gusta deberle nada a nadie y menos si es dinero, ya que es una cosa que se necesita a menudo.
Mire a mi querida mejor amiga, sonreía de lado, decidí no preguntarle a pesar de que me comía la cabeza la duda de porqué su expresión.
-¿Y Justin?.-Rompí el silencio.
-¿Qué pasa?
-¿Dónde está?
-Allí, con los chicos.
Asentí y suspiré nerviosa.
-Relajate. Estas preciosa, y ya mismo llegamos.
-¿Cómo es el sitio donde estaremos?
-Bueno... Muy bonito, ya veras.
NARRA JUSTIN
-Tranquilo bro.
-Me pides algo imposible.
-También era imposible que te enamoraras de Emma y mira en la situación que estas.
Me jode que Ryan lleve razón. Yo no paro de dar vueltas de un lado para otro.
-Me pones nervioso.-Me dice Ryan.
No le doy importancia a su comentario, pero paro de mover los pies para quedarme parado, mirándolo cara a cara. Suspiro, tengo que soltar la tensión de alguna manera, pero ahora mismo yo sé que estos nervios no se van hasta que la vea.
Ryan se levanta y me das dos palmadas en el hombro.
-Solo te queda esperar a que llegue, espero que no tarde.
-Si tu novia se aligera con el coche.
-Me voy, te dejo solo. Yo no quiero que me encuentre aquí, la noche es de ustedes.
Y seguido me quedo solo, tiene razón, solo me queda esperar y rezar porque todo salga bien.
NARRA EMMA
-Ya hemos llegado.
Me sobresalto con el aviso, casi me quedo dormida en el trayecto.
-Cielo.-Me vuelve a sobresaltar Brit.-Yo te llevo las maletas, tu encargate de que no se te manche el vestido con la arena.
-Espera, ¿Aren...
No me da tiempo a acabar la frase, sale del coche a la velocidad de la luz y cuando me giro para mirar por mi ventana, la veo irse con mis maletas. Dejándome a mi aquí, sola en su coche.
Espero un minuto, no sé que hacer, pero no me puedo quedar toda la vida en el coche. Abro la puerta y nada más poner un pie en el suelo se me unde el tacón. Una brisa con olor a mar me azota en la cara.
Efectivamente, estamos en la playa. No hace frío, al contrario. Viene alguna ráfaga de viento de vez en cuando, como si fuera el comienzo del otoño. Aun que ya mismo lo sería.
Cierro la puerta del coche, que automáticamente se activa el pestillo de seguridad, que permite que el coche solo se abra con la llave.
Me quito los tacones, llevándolos en mi mano derecha y empiezo a caminar. El fino tacto de los granos de arena en mis pies me produce escalofríos, pero me gusta.
Por mucho que avanzo no veo nada, me separo del montón de casa con luces apagadas y me acerco más a la orilla. Puedo ver una casa, la única que tiene algo de luz por dentro. Está un poco más atrás de la playa, me imagino para que no la azoten las olas en invierno, no hay tanta arena por aquella parte. Me acerco mas, seguramente esa sea la casa donde nos quedaremos. ¿Por qué se ha tenido que ir Brit y dejarme sola, aquí?
Pero no hay marcha atrás, y tampoco sería situación volver al coche después de todo lo que he andado.
A medida que me acerco veo más luces, pero esta vez en la arena. Son unos focos, también hay... ¿Una mesa? Sí, y con dos sillas, una enfrente de la otra.
No creo que todos entremos en esa mesa para cenar, es pequeña. Aumento la velocidad en mis pies hasta que por fin, llego.
Dos sillas de color rojo, forradas de una tela suave a simple vista rodean a la mesa que vi de lejos, con un mantel blanco, una vela de color rojo que esta prendida en el centro de la mesa, a los estremos hay dos copas y dos platos tapados con cubiertos, justo en frente de las sillas.
Creo que me he confundido de sitio.
Di dos pasos hacía atrás, ya que no pude dar más porque choqué con un cuerpo. Me sobresalté pensando lo peor del mundo. No me dió tiempo a girarme, unos brazos y unas manos abrazaron mi cintura.
-¿Te gusta?
No reaccioné. No, definitivamente no. Pero yo conozco su voz, y no la confundiría conria con nada ni nadieie.
Aun así me giré para confionfirmar mis dudas. Y hay estaba, iba de traje de chaqueta negro, sus ojos bri brillaban más que ninguna vez, y eso ya era difícil. Curvó sus labios formulando una tímida pero dulce sonrisa. No entiendo nada.
-No entiendo nada.
-¿No puede hacerle un novio una sorpresa a su novia?
-Sí... Pero...-Me paré para reír, ya que me quedaba cogida con las palabras.-Se suponía que ibamos a una acampada... Con los chicos y las chicas.
-Sí, ellos están unas manzanas más allá.-DiDSeñalo justo a su espalda.-EnEn aquella casa de allí.
-¿Y porque nono estdamos con ellos?
-Nosotros nos quedaremos aquí.
Señaló la casa que antes vi a lo lejos, la única que tenía algo de luz. Ahora la podía observar mejor, era de madera, como una cabaña. También era grande, se podía ver que tenía más de un piso.
-Aun no me has contestado.-Justin me sacó de mis pensamientos.
-¿A qué?
-A que si te gusta.
-Me encanta, idiota.
-Vaya, me alegro que te guste. Y gracias por lo de idiota.
Reímos al ausonio, pero una de esas risas que te acaricían el oído, y a mi su voz me tocaba hasta el alma.
-¿Tienes hambre?
-Después de que Brit me dejó sola y he tenido que andar para encontrar este sitio, que no ha sido fácil. Creo que sí.
Me soltó las manos, que las tenía cogida hace minutos. Tuvo el caballeroso gesto de retirarme la silla, permitiendo que me sentara con más facilidad.
Esperé a que él tomara asiento justo en frente de mi. Nada más hacerlo destapé el plato que estaba justo delante mía. Se me hizo la boca agua, filetes con pure de patatas y verduras. El olor era igualsa que la presentación, increíble.ci
-¿Sábes cocinar?
-Sé hacer muchas cosas nena.
No lo pensé dos veces y decidí comprobarlo. Cogí el cuchillo en una mano y el tenedor en otra, corté un pedazo de carne mientras él abría una botella de champagne. Probé el trozo que por fin había cortado, lo saboreé con paciencia. Estaba muy bueno.
-Cocinas bien.
-Así soy yo.
-¿Te he dicho que eres un creído?
-Unas mil veces cuando no me podías ni ver la cara.
-Oh, lo recuerdo.
-Y la misma persona a la que le decías eso, te esta invitando a pasar la mejor noche de tu vida. Que curioso, ¿No?
-Que cursi te has puesto Bieber.
-A veces puede que lo sea. Pero solo contigo.
Me sirvió la bebida en mi copa alargada, ese líquido color oro intenso con una capa de espuma blanca amenzaba con salir del vaso. Y así lo hizo sin piedad. Con Justin se repitió el mismo proceso.
Levantó la copa y se quedo por tres segundos callado, si las miradas matasen en el buen sentido...
Hice el mismo proceso con la copa llena de champagne con mi mano derecha, arzándola al cielo.
-¿Por el mejor verano de nuestras vidas?
-Por el mejor verano de nuestras vidas.-Me repitió él.
Y nos dignamos a juntar nuestras copas, haciéndo que se produciera un chasquido agradable.
Achiné los ojos y fruncí el ceño, estaba fuerte. No era la primera vez que lo tomaba, y siempre me causaba la misma sensación, en cambio Justin se lo tomó como si nada, solo un sorbo al igual que yo. Le entro risa al ver mi cara, todabía me picaban las burbujitas en la lengua, bebí otra vez y este fue más apetecible. Ya era más dulce y no picaba.
Entre charla y charla casi acabamos la comida. Nos robamos nuestro primer beso de la noche mientras comíamos el postre, se puede decir que fue muy dulce. Me quedé embobada con su sonrisa, me tuvo que llamar la antención y sacarme de mi mundo mínimo dos veces en la noche.
Estábamos tan bien, y todo era perfecto. Los platos estaban vacío, tanto por parte de él como por la mía. Él recogió nuestros cubiertos y juraría que hasta los fregó. Este chico cada día me sorprende más. No lo ayudé, por su intenso interes de que no entrara aun para ver el interior de la casa.
-Ya estoy.-Me sorprendió a la vez que una ola chocó en mis pies desnudos y me vista estaba perdida en el infinito mar.
-No te he dado las gracias por el vestido durante la cena. Así que gracias.
-De nada.
-Justin... Te juro que me encanta, es el regalo más bonito que me han echo en mi vida. Pero esto te habrá costado lo que no está escrito, y no quiero que gastes dinero en mi.
-Eres mi novia.
-Suena muy bien eso de "Mi novia".
-Eres mi novia.-Repitió, acercándose hasta quedar a unos centímetros de mi.-Mía.
-¿Tuya?
-Sí. Mía.
-Me gusta.
Se acercó un poquito más, y por fin me cogió las manos. Sonríe, creo que nunca ha sonreído tanto, y yo tampoco. Me gusta su tacto, siempre me ha gustado, es suave pero a la vez me agarra con fuerza. Y me besa, y le beso, y volvemos a hacer mágia como tantas veces lo hemos echo, y ahora el mar está de nuestro lado. Dos olas juntas de nuevo a nuestros pies, reí por el tacto, últimamente son todo risas. En cambio el aprovechó y devoró mi labio inferior, una vez me dijo que le gusta comerme la sonrisa, y lo hace cada que tiene ocasión. Y me encanta.
Acabamos sentados en el suelo, aun devorándonos mútuamente, con nuestras lenguas en batalla. ¿Aire? ¿Se come? Se coma o no, tengo que parar para cogerlo.
-Emma, quiero que sepas que yo no echo esto para obligarte a nada, ¿Entiendes?
-Lo sé.
Y así, como de la nada, supe que este era el momento perfecto para ser más sincera que nunca.
-Justin.
-¿Sí?
-Tengo que decirte algo.
-Pues dilo, antes de que te bese otra vez.
-Tuve un problema, hace unos años.
Hizo el amago de besarme, pero al escuchar la palabra "Problema" se retiró.
Vamos Emma, tu puedes.
-Con las cuchillas.
domingo, 8 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
To the limit {33}
En toda la tarde preferí no preocupar a Brit y no contarle nada. Me pilló sentada en su cama con la mente en otro sitio por la llamada. Por mucho que insistió le dije que mi madre se estaba pensando lo de dejarme ir a la acampada mañana. Sé que no se lo creyó. Pero se conformó con eso.
Suspiro antes de meter la llave en la cerradura de mi casa, son las 9 y acabo de llegar. Meto la llave, giro el pomo de la puerta y por fin en casa, estoy reventada y mañana durante toda la mañana a hacer maletas.
-Ya estoy en casa.-Digo desganada.
-Hola cariño.-Mi madre se acerca y me da un beso en la frente.-¿Vas a cenar?
-No tengo hambre mamá, pero gracias. Voy a descansar.
No esperé a que me contestara y me subí a mi habitación, arrastrando los pies. Cada tramo de escaleras que subía, un bostezo. Esto no era normal.
El primo de Brit me hizo tirarme tromecientas mil veces a la piscina de un salto, y otras tropecientas mil que lo tirara yo a él. Y no doy para más. Los día como hoy me dejan muerta.
Abrí la puerta de mi habitación, dejé el bolso que me llevé a casa de Brit sobre la cama y me adentré en el baño. Abrí el grifo de la ducha y esperé a que el agua se pusiera tibia. Mientras tanto me fui quitando la ropa poco a poco, gracias a mi flojera. Una vez en ropa interior me desabroché el brasier y dejé que cayera con delicabeza. Luego me quite la braguita y una vez totalmente desnuda me miré al espejo, Me solté el moño dejando mi pelo castaño revuelto. Volví a mirar mi cuerpo, he engordado.
El ruido del agua me sacó de mis pensamientos, tenia pinta de haber llegado ya a la temperatura ideal. Me acerqué poniéndome en cuclillas mirando como las pequeñas gotitas artificiales se iban por el desagüe. Pasé la mano y tal como dije antes, estaba ideal.
Metí el pie derecho, luego el izquierdo, hasta que me encontré dentro de la ducha.
Me metí debajo mojándome de arriba a bajo, eché la cabeza hacía atrás, cerré los ojos despacio y dejé que el agua cayera por mi cara, todos los problemas se iban a las vez que las gotitas desaparecían.
Pensé en la llamada de Jack, si conoce a Justin, no creo que le mande mensajes ni lo llame. Y espero que suceda así.
Mientras pensaba me enjaboné el pelo. y hasta me dio tiempo de aclararmelo. Hice el mismo proceso con mi cuerpo, sólo que con mi típico gel de coco, a diferencia de mi pelo, que este lo labo con champú de frutas silvestres y tropicales.
Antes de aclararme el pelo me eché crema en las puntas, y mientras reposaba volví a meterme bajo la ducha. Mayormente estoy de espaldas, ya que me gusta que me caiga el agua en la nuca, eso me relaja.
Terminé con todo, y cuando pensaba estar un tiempo más mirando las musarañas mientras el agua me reconfortaba un ruido que vino de mi cuarto me extrañó. No porque fuera un ruido, porque se podría haber caído cualquier cosa. Si no porqué sonó como un golpe.
Salí, me envolví en una toalla y tiré mis prendas en la cestita de la ropa sucia y en una décima de segundo limpié el baño. Me llevé el brazo a la nariz, no olía mucho a coco, solo un poco. Pero mayormente era a limpio. Luego hice el mismo proceso con mi pelo, este si olía bastante a frutas, como siempre.
Como casi siempre, no he cogido ropa. Salí del baño para adentrarme en mi habitación. Me sujeté bien la toalla metiendo uno de los extremos en la parte que estaba liada en mi cuerpo, mientras caminaba me peinaba el cabello con los dedos, haciendo que mis ondulaciones se dieran a notar.
Entré y lo primero que vi fue la ventana abierta, noté un escalofríos, y no se movía ni una hoja. Era por el miedo.
Miré a todas direcciones inspeccionándolo todo. No había nadie. Eso me alivió. Si hubieran entrado alguien mis padres se hubiera dado cuenta, no son tontos.
Cogí velocidad para cerrar la puerta, pero por mi penoso descuido de correr me tropecé con algo, haciendo que cayera de redondo contra el suelo. Por suerte mis manos amortiguaron algo el golpe.
-Aush.-Me quejé llevando mi tobillo más cerca de mi.
Pude ver el causante de mi caída. Mejor dicho, la causante. Una caja morada, de tapadera blanca y en una esquina, un lacito morado. Sobre la tapadera blanca una carta, del mismo morado que el lazo y la parte inferior del paquete. En ella se podía leer escrito "Emma".
Tragué saliva sonoramente y me acerqué a la caja, poniéndola sobre mis piernas. El suelo estaba frío, ya que yo iba medio desnuda gracias a la toalla, pero un así seguí sentada en este.
Aparté el sobre y abrí la caja, no podría creer lo que veían mis ojos. Saqué de allí un precioso vestido largo, del pecho para arriba era negro, con escote de forma de corazón y de la parte de la espalda salían un tirante negro, cogido al cuello. Justo abajo del pecho una franja de piedras, imitando a un cinturón. Ese detalle me anamoraba, pero más el gesto del vestido y la carta, que por cierto, tengo que leerla.
Mirando de nuevo el vestido, esta ves justo debajo de el detalle de piedras preciosas, todo lo siguiente era rosa pálido, pero se notaba que era rosa. Tenía un poco de vuelo, pero nada exagerado. Era de ensueño, yo aun seguía con la boca abierta, casi se me caía la baba solo de observarlo.
Me acordé de la carta, la parte más importante. Volví a leer ese "Emma" y por fin, la abrí. Del sobre morado saqué una tarjeta blanca.
¿Para qué quiero drogarme si te tengo a ti? La única persona que me ha enseñado a ir al límite por el lado bueno.
By: JB
Me levante del suelo como una niña pequeña, salté a la cama tirándome en ella y empecé a dar vueltas, con una sonrisa en la cara. No sé lo que pronuncié seguido, suspiré, me ríe, salió una lágrima de felicidad y volví a suspirar.
AL DÍA SIGUIENTE
Después de que mis padres me dieran permiso para ir, recibí un mensaje inesperado de Brit.
"Cielo, ¡Preparate para esta noche! Recuerda la fiesta sorpresa, ¡Ponte guapa!
No puedo recordarla, porque solo me dijo acampada. Pero nada de fiesta. Entonces las piezas encajaban. El vestido de anoche, es para la fiesta de hoy.
Supuse que tendría que arreglarme mínimo media hora antes, así que empecé a hacer maletas.
Saqué de arriba del armario una morada con ruedas, empecé a meter ropa. Dos bikinis, camisetas sencillas y algunas con dibujos o frases escritas, un par de pantalones cortos y uno largo, ropa interior, y un vestido negro pegado al cuerpo, un par de pijamas, en una esquina unas Vans y unas Converse, en un neceser pinturas, toallitas, y todas las cosas que pensé que me harían falta. Y por último, mi cámara de fotos y mi móvil.
Deslicé la cremallera, maleta echa. He tardado menos de lo que me esperaba. Me sobresalté gracias a los golpecitos en mi puerta.
-¡Adelante!
-Cariño.-Era mi madre.-¿Ya tienes las maletas listas?
-Sí, solo me hizo falta una.-Le señalé la morada que había sobre mi cama.-Vamos a hacerle una fiesta a Marie, tengo que ir "arreglada". Así que, no te asustes si me ves bajar con un vestido y parezco una foca.
-Cariño, no estas gorda.
-Sí lo estoy mamá.
-Eres tan cabezona.
Me encogí de hombros y seguido salió de la habitación.
Aun tenía tiempo de sobra, así que me bajé a ver la TV, ¿Tenía algo mejor que hacer?
Solté algún que otro suspiro en cada cambio de canales, no podía estar quieta. Los nervios me comían.
Pero a veces no hace falta ruido para entrenerte, o ver algo. Apago el televisor, y simplemente me tumbo en el sofá, acariciándome la barriga.
Cierro los ojos, y este es uno de esos momentos que te paras a pensar las cosas porque no tienes nada que hacer, pero las piensas para pasar el rato y te das cuenta de que hay que valorarlas más.
Yo en este momento pienso en su sonrisa, en el dorado de sus ojos que me vuelven loca, en sus besos que hacen magia. En como si tu vida dependiera de ello, el tacto de la yema de sus dedos nada más rozarme. Esas pequeñas cosas provocan grandes sentimientos, entre ellos el amor.
Amor... Siempre le dí ironía a esta palabra, o casi siempre. En dos meses una persona no se enamora, dos personas que se odian no se pueden enamorar en tan poco tiempo. Pero como dice en una de mis películas favoritas: Lo improbable puede ser incluso, probable.
Y nosotros somos ese caso, el de "Del amor al odio hay un paso" y el de "Los polos opuestos son difíciles de separar" y es que tu fuiste el único que me llevaste al límite, y aquí me tienes, dos meses han sido lo suficiente para enamorarme de ti.
Suspiro antes de meter la llave en la cerradura de mi casa, son las 9 y acabo de llegar. Meto la llave, giro el pomo de la puerta y por fin en casa, estoy reventada y mañana durante toda la mañana a hacer maletas.
-Ya estoy en casa.-Digo desganada.
-Hola cariño.-Mi madre se acerca y me da un beso en la frente.-¿Vas a cenar?
-No tengo hambre mamá, pero gracias. Voy a descansar.
No esperé a que me contestara y me subí a mi habitación, arrastrando los pies. Cada tramo de escaleras que subía, un bostezo. Esto no era normal.
El primo de Brit me hizo tirarme tromecientas mil veces a la piscina de un salto, y otras tropecientas mil que lo tirara yo a él. Y no doy para más. Los día como hoy me dejan muerta.
Abrí la puerta de mi habitación, dejé el bolso que me llevé a casa de Brit sobre la cama y me adentré en el baño. Abrí el grifo de la ducha y esperé a que el agua se pusiera tibia. Mientras tanto me fui quitando la ropa poco a poco, gracias a mi flojera. Una vez en ropa interior me desabroché el brasier y dejé que cayera con delicabeza. Luego me quite la braguita y una vez totalmente desnuda me miré al espejo, Me solté el moño dejando mi pelo castaño revuelto. Volví a mirar mi cuerpo, he engordado.
El ruido del agua me sacó de mis pensamientos, tenia pinta de haber llegado ya a la temperatura ideal. Me acerqué poniéndome en cuclillas mirando como las pequeñas gotitas artificiales se iban por el desagüe. Pasé la mano y tal como dije antes, estaba ideal.
Metí el pie derecho, luego el izquierdo, hasta que me encontré dentro de la ducha.
Me metí debajo mojándome de arriba a bajo, eché la cabeza hacía atrás, cerré los ojos despacio y dejé que el agua cayera por mi cara, todos los problemas se iban a las vez que las gotitas desaparecían.
Pensé en la llamada de Jack, si conoce a Justin, no creo que le mande mensajes ni lo llame. Y espero que suceda así.
Mientras pensaba me enjaboné el pelo. y hasta me dio tiempo de aclararmelo. Hice el mismo proceso con mi cuerpo, sólo que con mi típico gel de coco, a diferencia de mi pelo, que este lo labo con champú de frutas silvestres y tropicales.
Antes de aclararme el pelo me eché crema en las puntas, y mientras reposaba volví a meterme bajo la ducha. Mayormente estoy de espaldas, ya que me gusta que me caiga el agua en la nuca, eso me relaja.
Terminé con todo, y cuando pensaba estar un tiempo más mirando las musarañas mientras el agua me reconfortaba un ruido que vino de mi cuarto me extrañó. No porque fuera un ruido, porque se podría haber caído cualquier cosa. Si no porqué sonó como un golpe.
Salí, me envolví en una toalla y tiré mis prendas en la cestita de la ropa sucia y en una décima de segundo limpié el baño. Me llevé el brazo a la nariz, no olía mucho a coco, solo un poco. Pero mayormente era a limpio. Luego hice el mismo proceso con mi pelo, este si olía bastante a frutas, como siempre.
Como casi siempre, no he cogido ropa. Salí del baño para adentrarme en mi habitación. Me sujeté bien la toalla metiendo uno de los extremos en la parte que estaba liada en mi cuerpo, mientras caminaba me peinaba el cabello con los dedos, haciendo que mis ondulaciones se dieran a notar.
Entré y lo primero que vi fue la ventana abierta, noté un escalofríos, y no se movía ni una hoja. Era por el miedo.
Miré a todas direcciones inspeccionándolo todo. No había nadie. Eso me alivió. Si hubieran entrado alguien mis padres se hubiera dado cuenta, no son tontos.
Cogí velocidad para cerrar la puerta, pero por mi penoso descuido de correr me tropecé con algo, haciendo que cayera de redondo contra el suelo. Por suerte mis manos amortiguaron algo el golpe.
-Aush.-Me quejé llevando mi tobillo más cerca de mi.
Pude ver el causante de mi caída. Mejor dicho, la causante. Una caja morada, de tapadera blanca y en una esquina, un lacito morado. Sobre la tapadera blanca una carta, del mismo morado que el lazo y la parte inferior del paquete. En ella se podía leer escrito "Emma".
Tragué saliva sonoramente y me acerqué a la caja, poniéndola sobre mis piernas. El suelo estaba frío, ya que yo iba medio desnuda gracias a la toalla, pero un así seguí sentada en este.
Aparté el sobre y abrí la caja, no podría creer lo que veían mis ojos. Saqué de allí un precioso vestido largo, del pecho para arriba era negro, con escote de forma de corazón y de la parte de la espalda salían un tirante negro, cogido al cuello. Justo abajo del pecho una franja de piedras, imitando a un cinturón. Ese detalle me anamoraba, pero más el gesto del vestido y la carta, que por cierto, tengo que leerla.
Mirando de nuevo el vestido, esta ves justo debajo de el detalle de piedras preciosas, todo lo siguiente era rosa pálido, pero se notaba que era rosa. Tenía un poco de vuelo, pero nada exagerado. Era de ensueño, yo aun seguía con la boca abierta, casi se me caía la baba solo de observarlo.
Me acordé de la carta, la parte más importante. Volví a leer ese "Emma" y por fin, la abrí. Del sobre morado saqué una tarjeta blanca.
¿Para qué quiero drogarme si te tengo a ti? La única persona que me ha enseñado a ir al límite por el lado bueno.
By: JB
Me levante del suelo como una niña pequeña, salté a la cama tirándome en ella y empecé a dar vueltas, con una sonrisa en la cara. No sé lo que pronuncié seguido, suspiré, me ríe, salió una lágrima de felicidad y volví a suspirar.
AL DÍA SIGUIENTE
Después de que mis padres me dieran permiso para ir, recibí un mensaje inesperado de Brit.
"Cielo, ¡Preparate para esta noche! Recuerda la fiesta sorpresa, ¡Ponte guapa!
No puedo recordarla, porque solo me dijo acampada. Pero nada de fiesta. Entonces las piezas encajaban. El vestido de anoche, es para la fiesta de hoy.
Supuse que tendría que arreglarme mínimo media hora antes, así que empecé a hacer maletas.
Saqué de arriba del armario una morada con ruedas, empecé a meter ropa. Dos bikinis, camisetas sencillas y algunas con dibujos o frases escritas, un par de pantalones cortos y uno largo, ropa interior, y un vestido negro pegado al cuerpo, un par de pijamas, en una esquina unas Vans y unas Converse, en un neceser pinturas, toallitas, y todas las cosas que pensé que me harían falta. Y por último, mi cámara de fotos y mi móvil.
Deslicé la cremallera, maleta echa. He tardado menos de lo que me esperaba. Me sobresalté gracias a los golpecitos en mi puerta.
-¡Adelante!
-Cariño.-Era mi madre.-¿Ya tienes las maletas listas?
-Sí, solo me hizo falta una.-Le señalé la morada que había sobre mi cama.-Vamos a hacerle una fiesta a Marie, tengo que ir "arreglada". Así que, no te asustes si me ves bajar con un vestido y parezco una foca.
-Cariño, no estas gorda.
-Sí lo estoy mamá.
-Eres tan cabezona.
Me encogí de hombros y seguido salió de la habitación.
Aun tenía tiempo de sobra, así que me bajé a ver la TV, ¿Tenía algo mejor que hacer?
Solté algún que otro suspiro en cada cambio de canales, no podía estar quieta. Los nervios me comían.
Pero a veces no hace falta ruido para entrenerte, o ver algo. Apago el televisor, y simplemente me tumbo en el sofá, acariciándome la barriga.
Cierro los ojos, y este es uno de esos momentos que te paras a pensar las cosas porque no tienes nada que hacer, pero las piensas para pasar el rato y te das cuenta de que hay que valorarlas más.
Yo en este momento pienso en su sonrisa, en el dorado de sus ojos que me vuelven loca, en sus besos que hacen magia. En como si tu vida dependiera de ello, el tacto de la yema de sus dedos nada más rozarme. Esas pequeñas cosas provocan grandes sentimientos, entre ellos el amor.
Amor... Siempre le dí ironía a esta palabra, o casi siempre. En dos meses una persona no se enamora, dos personas que se odian no se pueden enamorar en tan poco tiempo. Pero como dice en una de mis películas favoritas: Lo improbable puede ser incluso, probable.
Y nosotros somos ese caso, el de "Del amor al odio hay un paso" y el de "Los polos opuestos son difíciles de separar" y es que tu fuiste el único que me llevaste al límite, y aquí me tienes, dos meses han sido lo suficiente para enamorarme de ti.
sábado, 24 de agosto de 2013
To the limit {32}
AL DÍA SIGUIENTE
NARRA JUSTIN
-¿Entonces? ¿Me vas a ayudar?
-Bieber, a ti esas cosas no te van.
-¡Joder Brit! ¿Me vas a ayudar o no?
-Sí. Solo porque es por mi mejor amiga.
-Bien.
Estuvimos unos segundos acompañados de un silencio, a ella se le veía pensativa y me imagino que al igual que a mi.
-¿Y qué tienes en mente?
-No tengo nada en mente.
-Empiezas bien.
-Si lo tuviera todo planeado, no te hubiera pedido ayuda.
Ryan estaba callado, andamos unos pasos adentrándonos en el Centro Comercial y nada más escuchar aquel alborto de gente suspiré.
-Tranquilo, saldrá bien.
-Eso espero.
-¡Ya lo tengo!
-¿Qué?
-Oh Justin, ¡Le va a encantar!
Esto no va a marchar bien.
NARRA EMMA
¿Qué estará haciendo Justin? ¿Se habrá enterado ya de mi trágico accidente del pasado? Tarde o temprano se enterara y quiero que sea por mi.
Los mensajes... ¿Quién me mandará los condenados mensajes? Volvemos a repasar la lista:
¿Mis padres? Imposible, ¿Brit? Menos. ¿Los doctores? No lo quito, pero lo dudo mucho. ¿Jack? Espera, ¿Jack? ¡Claro! Joder Emma, eres imbécil. Es obvio que es Jack.
NARRA JUSTIN
-Man, ¡Vas a triunfar!
-Si no, la culpa es tuya y de tu novia.
-¡Eh eh!.-Nos interrumpió Brit.-Yo he dado una idea y tu has echo el resto.
-¿Crees que le gustará?
-Le encantará.
Mi móvil sonó, un WhatsApp:
"Quiero verte imbécil."
Me mordí el labio inferior y lo siguiente no me acuerdo, su rostro vino a mi mente. Su sonrisas, su labios gritándole a los míos que los devore sin compasión, sus ojos, que puedo decir de sus ojos. Son mi perdición.
-Oh Biebs, ya te esta hablando tu novia.
Mire al móvil y de nuevo a Ryan.
-¿Cómo lo sabes?
Me contestó a mi pregunta con un gesto. Puso unos de sus dedos enfrente de su cara, dibujando en ella media circuferencia justo encima de su boca.
No pillé ese gesto.
Fruncí el ceño y volvió a hacerme el mismo gesto, hasta que por fin se rindió.
-Estas sonriendo como un estúpido tío, te trae loco.
-¿Es qué a caso tú no sonríes cuando te hablo?.-Le regañó Brit.
-Sabes que sí, te quiero.
-Ya hablaremos eso.
"Y yo nena, te quiero".- *Corazón*
Le escribí mientras ellos dos terminaban de discutir.
-Buenos chicos, seguid con lo vuestro. Yo me tengo que ir ya.
-De nada Bieber.
-Gracias Brit.
Me despedí de Ryan con nuestro típico golpe de manos, cogí las bolsas y salí del Centro Comercial. Ahora me queda hacer unos que otros detalles.
NARRADOR
Mientras Emma pasaba un aburrido día en su casa, Justin le preparaba una sorpresa. De vez en cuando el mismo se paraba a pensar: "¿Amor? ¿Eso se come?" Y sus adentros les decía: "Solo a besos."
¿Justin Bieber haciéndole sorpresas a una chica? ¿Desde cuando ha sido tan cursi?
Pero hasta el chico mujeriego se puede llegar a enamorar, y no de una chica como él.
Una pizca de velocidad, furia, motos y rebeldía mezclada con un poco de dulzura, sencillez, tranquilidad y carácter.
Cosas opuestas que encajan como un compecabezas, y eso es lo que son.
Al principio cuesta unir las piezas, pero poco a poco se te facilitan las cosas, y consigues reunir el puzzle entero en una sola pieza.
¿Ellos estaban viviendo magia? Sí, puede que sea eso. Pero al fin y al cabo, ¿Existía la magia? Bueno, no tiene que ser las que hacen los magos, ni las de los cuentos de hadas. Sus corazones pueden hacer magia sin necesidad de utilizar nada, solo sus sentimientos.
NARRA EMMA
Salí de la ducha y lo primero que hice fue revisar el móvil.
"Y yo nena, te quiero." *Corazón*
Me mordí el labio inferior insconcientemente.
-¡Emma! ¡Tienes visita!
Bloqueé el móvil e hice el amago de salir. Pero me percaté que estaba en toalla y no era plan.
-¿Quién es?.-Grité desde la puerta.
-¡Soy yo!.-La cara de Brit apareció en mis narices, grité del susto y dí 3 pasos exactos hacía atrás.
Seguido entró risueña y cerró la puerta.
-¡Joder! ¡Que susto!
-¡Tía! No es la primera vez que me ves.
-Voy a vestirme. Siéntate en la cama.-Se la señale.-Y no cuando vuelva, quiero verte sentada, no en mis narices.
Ella puso cara de angelito y se sentó.
Entré al baño y busqué con la mirada la ropa interior que dejé hace antes de entrar a la ducha. Una vez encontrada me la coloqué. Primero la parte de abajo y luego, el brasier. Lo abroché, miré al lava manos esperando encontrarme la ropa, pero mi memoria de pez hizo que no la cogiera.
Volví a mi habitación. No sería la primera vez que Brit me ve así. Conocernos desde pequeña y ser mi mejor amiga es lo que tiene.
-¿Y las chicas? Hace mucho que no las veo.
-Aly feliz con Chaz, Kate ha empezado a salir con Logan.
-Oh, ¿en serio? ¡Por fin!
-Sí, están felices. Y Marie ha estado de vacaciones, pero vuelve hoy. Y para eso he venido.
-¿Pasa algo?
-Queríamos celebrar que vuelve, con una acampada. Iremos todos.
-¿Todos?
-Sí. Justin, Ryan, Chaz, Chris, Logan, Aly, Kate, Marie, tú y yo.
-Me gusta la idea.
Suena realmente bien.
-¿Y cuando nos vamos?
-Mañana a la noche. Vendré a buscarte.
Asentí.
-¿Cuántos días?
Se quedó pensativa unos segundos, más bien me miraba fijo, intentando disimular que no lo sabía.
-Bueno... Si es por tus padres diles que no se preocupen, te llevo y te traigo sana y salva.-Me guiña un ojo.
-Esta bien. ¿Y qué me llevo?
-Lo básico. Ropa.
-Tanta ayuda no, por favor.
Ambas carcajeamos, es un caso perdido.
-Bueno, lo que te lleves es lo de menos. Por cierto, mi madre te ha invitado a comer, ¿Sabes lo que significa no?
-¿Qué pasaremos toda la tarde en la piscina?
-Oh sí.
HORAS DESPUÉS
Me estaba comiendo unos deliciosos macarrones con queso que hizo la madre de Brit para nosotras, mientras observábamos a su primo, que cada vez que comía se manchaba. Es muy mono. Tiene el pelo negro de rizos con ojos azules, al igual que su prima.
Pensando en otra cosa, me extraña que no haya recibido más mensajes. Mañana, que posiblemente vea a Justin, le contaré todo. Es hora, y tengo que tener valor.
Suspiré, removí los últimos macarrones que quedaban en plato, pensando que se darían a notar cuando me suban de peso. Aun así me los comí por cortesía de no dejar nada en el plato. Bebí el sorbo que quedaba de refresco y listo.
Brit y yo nos levantamos a la vez para dejar nuestros respectivos cubiertos.
-No hace falt...
-No pasa nada.-Le corté.-Aun que sea tu casa, no voy a dejartelo todo a ti.
Seguido me acerqué a la cocina, puse mi plato, vaso y cubiertos en el fregadero, ella hizo lo mismo.
Volví al comedor en un suspiro ahogado en angustia.
-¿Qué pasa?.-Me dijo Brit, reconfortándome con su mano en mi hombro.
-Los mensajes...
-Oh ya, no pienses en eso. Jack esta celoso y te ha gastado una broma de mal gusto. Lo mejor...-Suspiró de la misma forma que yo lo hice antes.-Es que se lo cuentes tú todo a Justin.
-Pero, ¿Y si reacciona igual que Jack? El estuvo un mes sin hablarme. No lo voy a soportar.
-Pero tú ya no lo volviste a hacer cielo. Pasó, eres normal como yo, como las chicas, como todas de nuestra edad. Justin tiene la mejor novia del mundo, y si él te quiere, no se comportará como Jack.
-No lo volví a hacer, pero estuve a punto. Lo pensé mil veces.-Me cortó.
-Y Justin te dio mil y una para no hacerlo.
-Sí.
-Tómate tu tiempo, piensa como se lo vas a decir. Pero que sea pronto. Sube a mi habitación y ponte el bikini. Yo ahora voy.
Hice lo que me indicó. Una vez en su cuarto saqué mi móvil y aun que no tenía en la agenda el número de Jack, me lo sabía de memoria.
Tomé aire por la náriz expulsándolo por la boca. Marqué. Volví a inhalar más aire, que si no fuera porque la habitación de Brit es grande, diría que la dejé sin oxigeno de tanto aspirar.
El dibujo del teléfono verde en mi móvil amenazaba con qué lo marcara, pero una vocecilla dentro de mi decía que no lo hiciera. Aun así no le hice caso a mi otra yo y llamé.
Un tono... Dos... Tres... Cuatro... Colgué.
Gruñí por lo bajo, pero volví a intentarlo.
Un tono... Dos... Tres...
-¿Sí?
Me mantuve en silencio cinco segundos exactamente, y no fueron más porque él no me lo permitió. Se escuchó una risita por lo bajo.
-Emma...
-No me mandes más mensajes.
Otra risita.
-¿Qué mensajes?
-No te hagas el tonto.
Lo siguiente no era risa, fue una carcajada.
-Sí, fui yo.
-Me lo imaginé.
-Tranquila, solo quiero que Justin sepa todo de su novia.-Dijo resaltando el "Todo".-Hasta los motivos por lo que los hizo.
-Deja de ser tan hijo de puta, y no me mandes ni un puto mensaje más.
-Tranquila, a ti no te mandaré más.
Colgó. "A ti no te mandaré más." ¿Y a quien se los iba a mandar? ¿A Justin? Oh Dios, esto se está poniendo peor de lo que imaginaba.
NARRA JUSTIN
-¿Entonces? ¿Me vas a ayudar?
-Bieber, a ti esas cosas no te van.
-¡Joder Brit! ¿Me vas a ayudar o no?
-Sí. Solo porque es por mi mejor amiga.
-Bien.
Estuvimos unos segundos acompañados de un silencio, a ella se le veía pensativa y me imagino que al igual que a mi.
-¿Y qué tienes en mente?
-No tengo nada en mente.
-Empiezas bien.
-Si lo tuviera todo planeado, no te hubiera pedido ayuda.
Ryan estaba callado, andamos unos pasos adentrándonos en el Centro Comercial y nada más escuchar aquel alborto de gente suspiré.
-Tranquilo, saldrá bien.
-Eso espero.
-¡Ya lo tengo!
-¿Qué?
-Oh Justin, ¡Le va a encantar!
Esto no va a marchar bien.
NARRA EMMA
¿Qué estará haciendo Justin? ¿Se habrá enterado ya de mi trágico accidente del pasado? Tarde o temprano se enterara y quiero que sea por mi.
Los mensajes... ¿Quién me mandará los condenados mensajes? Volvemos a repasar la lista:
¿Mis padres? Imposible, ¿Brit? Menos. ¿Los doctores? No lo quito, pero lo dudo mucho. ¿Jack? Espera, ¿Jack? ¡Claro! Joder Emma, eres imbécil. Es obvio que es Jack.
NARRA JUSTIN
-Man, ¡Vas a triunfar!
-Si no, la culpa es tuya y de tu novia.
-¡Eh eh!.-Nos interrumpió Brit.-Yo he dado una idea y tu has echo el resto.
-¿Crees que le gustará?
-Le encantará.
Mi móvil sonó, un WhatsApp:
"Quiero verte imbécil."
Me mordí el labio inferior y lo siguiente no me acuerdo, su rostro vino a mi mente. Su sonrisas, su labios gritándole a los míos que los devore sin compasión, sus ojos, que puedo decir de sus ojos. Son mi perdición.
-Oh Biebs, ya te esta hablando tu novia.
Mire al móvil y de nuevo a Ryan.
-¿Cómo lo sabes?
Me contestó a mi pregunta con un gesto. Puso unos de sus dedos enfrente de su cara, dibujando en ella media circuferencia justo encima de su boca.
No pillé ese gesto.
Fruncí el ceño y volvió a hacerme el mismo gesto, hasta que por fin se rindió.
-Estas sonriendo como un estúpido tío, te trae loco.
-¿Es qué a caso tú no sonríes cuando te hablo?.-Le regañó Brit.
-Sabes que sí, te quiero.
-Ya hablaremos eso.
"Y yo nena, te quiero".- *Corazón*
Le escribí mientras ellos dos terminaban de discutir.
-Buenos chicos, seguid con lo vuestro. Yo me tengo que ir ya.
-De nada Bieber.
-Gracias Brit.
Me despedí de Ryan con nuestro típico golpe de manos, cogí las bolsas y salí del Centro Comercial. Ahora me queda hacer unos que otros detalles.
NARRADOR
Mientras Emma pasaba un aburrido día en su casa, Justin le preparaba una sorpresa. De vez en cuando el mismo se paraba a pensar: "¿Amor? ¿Eso se come?" Y sus adentros les decía: "Solo a besos."
¿Justin Bieber haciéndole sorpresas a una chica? ¿Desde cuando ha sido tan cursi?
Pero hasta el chico mujeriego se puede llegar a enamorar, y no de una chica como él.
Una pizca de velocidad, furia, motos y rebeldía mezclada con un poco de dulzura, sencillez, tranquilidad y carácter.
Cosas opuestas que encajan como un compecabezas, y eso es lo que son.
Al principio cuesta unir las piezas, pero poco a poco se te facilitan las cosas, y consigues reunir el puzzle entero en una sola pieza.
¿Ellos estaban viviendo magia? Sí, puede que sea eso. Pero al fin y al cabo, ¿Existía la magia? Bueno, no tiene que ser las que hacen los magos, ni las de los cuentos de hadas. Sus corazones pueden hacer magia sin necesidad de utilizar nada, solo sus sentimientos.
NARRA EMMA
Salí de la ducha y lo primero que hice fue revisar el móvil.
"Y yo nena, te quiero." *Corazón*
Me mordí el labio inferior insconcientemente.
-¡Emma! ¡Tienes visita!
Bloqueé el móvil e hice el amago de salir. Pero me percaté que estaba en toalla y no era plan.
-¿Quién es?.-Grité desde la puerta.
-¡Soy yo!.-La cara de Brit apareció en mis narices, grité del susto y dí 3 pasos exactos hacía atrás.
Seguido entró risueña y cerró la puerta.
-¡Joder! ¡Que susto!
-¡Tía! No es la primera vez que me ves.
-Voy a vestirme. Siéntate en la cama.-Se la señale.-Y no cuando vuelva, quiero verte sentada, no en mis narices.
Ella puso cara de angelito y se sentó.
Entré al baño y busqué con la mirada la ropa interior que dejé hace antes de entrar a la ducha. Una vez encontrada me la coloqué. Primero la parte de abajo y luego, el brasier. Lo abroché, miré al lava manos esperando encontrarme la ropa, pero mi memoria de pez hizo que no la cogiera.
Volví a mi habitación. No sería la primera vez que Brit me ve así. Conocernos desde pequeña y ser mi mejor amiga es lo que tiene.
-¿Y las chicas? Hace mucho que no las veo.
-Aly feliz con Chaz, Kate ha empezado a salir con Logan.
-Oh, ¿en serio? ¡Por fin!
-Sí, están felices. Y Marie ha estado de vacaciones, pero vuelve hoy. Y para eso he venido.
-¿Pasa algo?
-Queríamos celebrar que vuelve, con una acampada. Iremos todos.
-¿Todos?
-Sí. Justin, Ryan, Chaz, Chris, Logan, Aly, Kate, Marie, tú y yo.
-Me gusta la idea.
Suena realmente bien.
-¿Y cuando nos vamos?
-Mañana a la noche. Vendré a buscarte.
Asentí.
-¿Cuántos días?
Se quedó pensativa unos segundos, más bien me miraba fijo, intentando disimular que no lo sabía.
-Bueno... Si es por tus padres diles que no se preocupen, te llevo y te traigo sana y salva.-Me guiña un ojo.
-Esta bien. ¿Y qué me llevo?
-Lo básico. Ropa.
-Tanta ayuda no, por favor.
Ambas carcajeamos, es un caso perdido.
-Bueno, lo que te lleves es lo de menos. Por cierto, mi madre te ha invitado a comer, ¿Sabes lo que significa no?
-¿Qué pasaremos toda la tarde en la piscina?
-Oh sí.
HORAS DESPUÉS
Me estaba comiendo unos deliciosos macarrones con queso que hizo la madre de Brit para nosotras, mientras observábamos a su primo, que cada vez que comía se manchaba. Es muy mono. Tiene el pelo negro de rizos con ojos azules, al igual que su prima.
Pensando en otra cosa, me extraña que no haya recibido más mensajes. Mañana, que posiblemente vea a Justin, le contaré todo. Es hora, y tengo que tener valor.
Suspiré, removí los últimos macarrones que quedaban en plato, pensando que se darían a notar cuando me suban de peso. Aun así me los comí por cortesía de no dejar nada en el plato. Bebí el sorbo que quedaba de refresco y listo.
Brit y yo nos levantamos a la vez para dejar nuestros respectivos cubiertos.
-No hace falt...
-No pasa nada.-Le corté.-Aun que sea tu casa, no voy a dejartelo todo a ti.
Seguido me acerqué a la cocina, puse mi plato, vaso y cubiertos en el fregadero, ella hizo lo mismo.
Volví al comedor en un suspiro ahogado en angustia.
-¿Qué pasa?.-Me dijo Brit, reconfortándome con su mano en mi hombro.
-Los mensajes...
-Oh ya, no pienses en eso. Jack esta celoso y te ha gastado una broma de mal gusto. Lo mejor...-Suspiró de la misma forma que yo lo hice antes.-Es que se lo cuentes tú todo a Justin.
-Pero, ¿Y si reacciona igual que Jack? El estuvo un mes sin hablarme. No lo voy a soportar.
-Pero tú ya no lo volviste a hacer cielo. Pasó, eres normal como yo, como las chicas, como todas de nuestra edad. Justin tiene la mejor novia del mundo, y si él te quiere, no se comportará como Jack.
-No lo volví a hacer, pero estuve a punto. Lo pensé mil veces.-Me cortó.
-Y Justin te dio mil y una para no hacerlo.
-Sí.
-Tómate tu tiempo, piensa como se lo vas a decir. Pero que sea pronto. Sube a mi habitación y ponte el bikini. Yo ahora voy.
Hice lo que me indicó. Una vez en su cuarto saqué mi móvil y aun que no tenía en la agenda el número de Jack, me lo sabía de memoria.
Tomé aire por la náriz expulsándolo por la boca. Marqué. Volví a inhalar más aire, que si no fuera porque la habitación de Brit es grande, diría que la dejé sin oxigeno de tanto aspirar.
El dibujo del teléfono verde en mi móvil amenazaba con qué lo marcara, pero una vocecilla dentro de mi decía que no lo hiciera. Aun así no le hice caso a mi otra yo y llamé.
Un tono... Dos... Tres... Cuatro... Colgué.
Gruñí por lo bajo, pero volví a intentarlo.
Un tono... Dos... Tres...
-¿Sí?
Me mantuve en silencio cinco segundos exactamente, y no fueron más porque él no me lo permitió. Se escuchó una risita por lo bajo.
-Emma...
-No me mandes más mensajes.
Otra risita.
-¿Qué mensajes?
-No te hagas el tonto.
Lo siguiente no era risa, fue una carcajada.
-Sí, fui yo.
-Me lo imaginé.
-Tranquila, solo quiero que Justin sepa todo de su novia.-Dijo resaltando el "Todo".-Hasta los motivos por lo que los hizo.
-Deja de ser tan hijo de puta, y no me mandes ni un puto mensaje más.
-Tranquila, a ti no te mandaré más.
Colgó. "A ti no te mandaré más." ¿Y a quien se los iba a mandar? ¿A Justin? Oh Dios, esto se está poniendo peor de lo que imaginaba.
domingo, 7 de julio de 2013
To the limit {31}
-La traeré sana y salva.
Su madre sonrió aliviada. Tengo buena relación con sus padres, las veces que han venido me han atendido muy bien y se lo agradezco a que me lo pongan difícil.
Su padre es muy serio, pero se enrolla y es igual de simpático que su madre.
-¿En que piensas?
-Oh, en nada.
Giré la vista, ya habíamos dejado atrás su casa y la mía. Le paso mi brazo por su hombro y ella se pegó aun más a mi.
-¿Me vas a llevar a la piscina?
-No.
-¿A un hotel para acabar lo que antes dejaste por la mitad?
-No me des ideas.
-Tranquilo, esa quítatela de la mente.-Le mire con la ceja arqueada.
-Te he dicho que es una sorpresa.
Aun que le hubiera dicho eso, se tiró todo el camino de ida haciendo preguntas. Ya por desesperación me preguntó si era a Narnia, y yo por el mismo motivo le dije que sí.
Creo que por eso fue que paró de hablar, por el enfado.
Aun así se le quitó a los cinco minutos, ya por suerte no preguntó más, pero sus gesto era de estar muy nerviosa y no aguantar más.
Eso me gustaba, me gusta sorprenderla.
El calor empezaba a agobiarnos así que aceleramos aun más el paso. A este paso íbamos a llegar en un abrir y cerrar de ojos.
NARRA EMMA
-Ya estamos.-Me confirmó por fin.
Mire a mi alrededor, lo primero que me fijé fue en una maquina de comida y bebidas, las típicas que echas una moneda, le das al botón y sale lo que tú quieres. Era rojas y no eran muy frecuentes por aquí.
Justo alado, había una valla metálica, baja. Y en medio de esta una puerta del mismo material abierta de par en par.
Dentro todo el ambiente estaba revolucionado, las paredes todas llenas de grafitis y la verdad, muy bien echos. Mucho ruido, ruedas.
era una plaza de Skater. La gente se tiraba por esos "toboganes" de todo tipo de tamaños. Los chicos y chicas no pasaban de los 25 años. A esta hora es normal.
Había música de fondo, sin letra, solo ritmo.
Casi todos los que estaban con sus tablas eran chicos, y dos o tres chicas. Las demás estaban bebiéndose una Coca-Cola y bailando. Algunas iban decente y otras con ropa mini. En unos bancos dos o tres parejas comiéndose la boca, y por último, dos o tres fumando.
-Un sitio...-Pausé.-Animado.-Fue lo único que me salió.
-Bien.-Puso sus dos dedos en la boca y de esta salió un silvido perfecto.
Un chico se acercó y le tiro a Justin una tabla, la cosa empezaba a asustarme. Era una tabla de Skater sencilla, negra con un filo rojo al rededor, y por debajo nada de grafitis. La bandera de Canadá.
-¿Me has traído para verte hacer Skater?
-No. Te he traído para que los dos hagamos Skater.-Marcó la palabra "Dos".
-Oh no... Ni se te ocurra.
Tiró de mi mano pero mis pies estaban clavados en el suelo.
-Cariño...
-No Justin, yo no sé hacer eso.-Señalo a uno de los que lo hacía como lo más normal del mundo.
-Déjame enseñarte.
-Justin...
-Nena, no pierdes nada. No te voy a dejar sola así que no te vas a caer. Confía en mi.
Me lo planteé dos veces. Incluso se puede decir que tres. Pero por fin suspiré vencida y acepte. Tenía razón, no perdía nada.
Me agarro de la mano y nos adentramos en aquel murmullo de gente. Justin saludó a unos cuantos amigos y conversó con ellos.
-Vaya Biebs. Has sabido escoger bien a tu chica.
-No te pases. Como bien has dicho, mi chica.-Dijo destacando el "Mi".
-¡Eh eh!.-Se elevó de brazos.-Solo decía.
-Emma.-Me acerqué y le di dos besos a cada uno.-Encantada.
-Igualmente.-Dijieron al ausonio.-Bueno, nos vamos. Tenemos que darle caña a nuestras amigas.
Por un momento pensé mal. Pero enseguida supe que se referían a sus tablas. Reí para mis adentros.
Cogida de la mano de Justin nos alejamos un poco de la multitud y la verdad, lo preferí.
-Empiezo yo, y luego tú, ¿Vale?.-Dijo subiendo un pie a la tabla.
Arrastró su pie derecho para coger impulso, y una vez que la tabla empezó a moverse puso los dos pies en ella. Aguantando el equilibrio. Dio dos o tres vueltas e hizo alguna que otra de sus tácticas de Skater.
-Bien.-Se bajó.-Te toca.
-Esto es ridiculo... ¡No puedo hacer eso!
-No vas a hacer eso, eso era un ejemplo. Harás lo que te diga.
Me puse delante de esa madera subida en cuatro ruedas, suspiré y no quise darle más vueltas.
Puse el pie izquierdo, luego cogí impulso con el derecho y subí los dos pies a la tabla. Me movía en esta sin caerme gracias a las manos de Justin que agarraban las mías.
Practiqué como girar y parar. Lo básico. La primera vez que lo intenté sola se escucharon más mis gritos que las ruedas girando a toda velocidad.
La segunda vez lo hice mejor y ya a la tercera, se puede decir que genial.
-Hey.-Dije pasando a toda velocidad por la tabla justo por la cara de Justin, en uno de sus descuidos aproveché y le quité su gorra, para ponermela yo.
-He aprendido rápido, eh.
-Claro, gracias a tu profesor.-Se alagó a sí mismo.
-No vas a cambiar.
Como respuesta se elevó de hombros.
Me empecé a cansar de estar de pie encima del Skater, así que me senté y cogí velocidad con las manos.
-No conocía esa técnica.-Dijo dándome un refresco. Él tenia otro para él.
-Soy una caja de sorpresas.
-No lo dudo.
Me cambié de posición y quité mis piernas cruzadas, esta vez para ponerlas pegadas a mi cuerpo, en forma de una V al revés. Las abracé intentando dejar todo el espacio posible atrás.
Era una tabla grande, demasiado diría yo. Así que Justin pudo sentarse en el hueco libre, dejando sus piernas fuera.
La tabla empezó a moverse, pero esta vez gracias a él. Subió sus piernas al Skater en uno de los huecos libres y me agarró de la cintura.
Nos alejamos de la multitud como locos, con nuestras bebidas para aliviar el calor en la mano. Tenia un cierto sabor a limón, la verdad, refrescaba mucho.
Tomé otro solvo. Y ya el último. Giré con mi mano la tabla hacía una papelera negra que se hallaba en la calle y ahí lo tiré. Justin aprovechó e hizo mi mismo gesto.
Avanzamos un poco hasta que llegamos a una cuesta bastante empinada. Paré el Skater en cero coma.
-¿Qué pasa?
-No pienso bajar. Seguro que no lleg...-Me cortó.
-¡Hey! ¡Hola Brit!
Me giré desesperada hasta la dirección donde él estaba mirando buscando a mi amiga. Pero por rareza no vi a nadie. Fui a volver a preguntarle a Justin donde pero en menos que canta un gallo nos estábamos moviendo por aquella infinita cuesta con dirección hacía abajo.
¡Emma! ¡Eres idiota! ¿Y tú te crees todo lo que te digan? De nuevo, idiota.
Grité, lo contrario de Justin. El reía.
Cerré los ojos esperando a que volviéramos a estar en linea recta. Que por cierto, para mi se hizo eterno.
Me gustó en el fondo, pero muy en el fondo. Para poder parar tuvimos que tirarnos de la tabla al suelo. Según él yo estaba blanca como una hoja de papel y no me extraña.
-Genial.-Musité.
Por parte de él solo recibía carcajadas. Me molesté pero a la vez me intentaba no contagiarme como otras veces.
Un mensaje. Mi móvil me lo dio a saber con su típico "Tim".
Lo abrí:
"¿Se lo dices tú o se entera por aun anónimo?"
Me tensé. De nuevo anónimo. Borré el mensaje y guardé el móvil, seguido me senté y a mi gesto él hizo lo mismo.
-Nena, ¿Pasa algo?
-Yo... Tengo que decirte algo Justin.
-¡Hey!.-Unos brazos rodearon mi cuello por dentras.-¿Qué hacéis aquí tirados en medio de la calle?
-¡Tío! No hay quien te vea.-Ryan chocó su mano con la de Justin.
-Brit, me vas a asfixiar.-Le abvertí a mi querida amiga.
NARRA JUSTIN
Ryan, totalmente inoportuno como siempre.
Miré a Brit, ella puede ayudarme. Le hice unas señas con los dedos en señal de que nos apartaramos un poco de ellos y pudieramos conversar.
Ella lo entendió perfectamente y por suerte Emma no me vio. Ryan me echó una mirada desafiante y Brit le hizo señas en señal de que no pasaba nada.
-Necesito tu ayuda.
-¿Justin Bieber? ¿Pidiéndome ayuda a mi?
-Es por Emma.-Ambos la miramos unos segundos como reía con Ryan.-Necesito hablar contigo mañana. A las 10 en la puerta del Centro Comercial. Sé puntual y puedes decirle a Ryan que venga, es mejor si no quiero llevarme..,-Lo miré.-Es mejor.
Di un paso para volver a unirme a ellos, pero retrocedí.
-Y sé discreta.
Me asintió y de la forma más natural volvimos y nos metimos en la conversación como si hubieramos estado desde el principio.
Su madre sonrió aliviada. Tengo buena relación con sus padres, las veces que han venido me han atendido muy bien y se lo agradezco a que me lo pongan difícil.
Su padre es muy serio, pero se enrolla y es igual de simpático que su madre.
-¿En que piensas?
-Oh, en nada.
Giré la vista, ya habíamos dejado atrás su casa y la mía. Le paso mi brazo por su hombro y ella se pegó aun más a mi.
-¿Me vas a llevar a la piscina?
-No.
-¿A un hotel para acabar lo que antes dejaste por la mitad?
-No me des ideas.
-Tranquilo, esa quítatela de la mente.-Le mire con la ceja arqueada.
-Te he dicho que es una sorpresa.
Aun que le hubiera dicho eso, se tiró todo el camino de ida haciendo preguntas. Ya por desesperación me preguntó si era a Narnia, y yo por el mismo motivo le dije que sí.
Creo que por eso fue que paró de hablar, por el enfado.
Aun así se le quitó a los cinco minutos, ya por suerte no preguntó más, pero sus gesto era de estar muy nerviosa y no aguantar más.
Eso me gustaba, me gusta sorprenderla.
El calor empezaba a agobiarnos así que aceleramos aun más el paso. A este paso íbamos a llegar en un abrir y cerrar de ojos.
NARRA EMMA
-Ya estamos.-Me confirmó por fin.
Mire a mi alrededor, lo primero que me fijé fue en una maquina de comida y bebidas, las típicas que echas una moneda, le das al botón y sale lo que tú quieres. Era rojas y no eran muy frecuentes por aquí.
Justo alado, había una valla metálica, baja. Y en medio de esta una puerta del mismo material abierta de par en par.
Dentro todo el ambiente estaba revolucionado, las paredes todas llenas de grafitis y la verdad, muy bien echos. Mucho ruido, ruedas.
era una plaza de Skater. La gente se tiraba por esos "toboganes" de todo tipo de tamaños. Los chicos y chicas no pasaban de los 25 años. A esta hora es normal.
Había música de fondo, sin letra, solo ritmo.
Casi todos los que estaban con sus tablas eran chicos, y dos o tres chicas. Las demás estaban bebiéndose una Coca-Cola y bailando. Algunas iban decente y otras con ropa mini. En unos bancos dos o tres parejas comiéndose la boca, y por último, dos o tres fumando.
-Un sitio...-Pausé.-Animado.-Fue lo único que me salió.
-Bien.-Puso sus dos dedos en la boca y de esta salió un silvido perfecto.
Un chico se acercó y le tiro a Justin una tabla, la cosa empezaba a asustarme. Era una tabla de Skater sencilla, negra con un filo rojo al rededor, y por debajo nada de grafitis. La bandera de Canadá.
-¿Me has traído para verte hacer Skater?
-No. Te he traído para que los dos hagamos Skater.-Marcó la palabra "Dos".
-Oh no... Ni se te ocurra.
Tiró de mi mano pero mis pies estaban clavados en el suelo.
-Cariño...
-No Justin, yo no sé hacer eso.-Señalo a uno de los que lo hacía como lo más normal del mundo.
-Déjame enseñarte.
-Justin...
-Nena, no pierdes nada. No te voy a dejar sola así que no te vas a caer. Confía en mi.
Me lo planteé dos veces. Incluso se puede decir que tres. Pero por fin suspiré vencida y acepte. Tenía razón, no perdía nada.
Me agarro de la mano y nos adentramos en aquel murmullo de gente. Justin saludó a unos cuantos amigos y conversó con ellos.
-Vaya Biebs. Has sabido escoger bien a tu chica.
-No te pases. Como bien has dicho, mi chica.-Dijo destacando el "Mi".
-¡Eh eh!.-Se elevó de brazos.-Solo decía.
-Emma.-Me acerqué y le di dos besos a cada uno.-Encantada.
-Igualmente.-Dijieron al ausonio.-Bueno, nos vamos. Tenemos que darle caña a nuestras amigas.
Por un momento pensé mal. Pero enseguida supe que se referían a sus tablas. Reí para mis adentros.
Cogida de la mano de Justin nos alejamos un poco de la multitud y la verdad, lo preferí.
-Empiezo yo, y luego tú, ¿Vale?.-Dijo subiendo un pie a la tabla.
Arrastró su pie derecho para coger impulso, y una vez que la tabla empezó a moverse puso los dos pies en ella. Aguantando el equilibrio. Dio dos o tres vueltas e hizo alguna que otra de sus tácticas de Skater.
-Bien.-Se bajó.-Te toca.
-Esto es ridiculo... ¡No puedo hacer eso!
-No vas a hacer eso, eso era un ejemplo. Harás lo que te diga.
Me puse delante de esa madera subida en cuatro ruedas, suspiré y no quise darle más vueltas.
Puse el pie izquierdo, luego cogí impulso con el derecho y subí los dos pies a la tabla. Me movía en esta sin caerme gracias a las manos de Justin que agarraban las mías.
Practiqué como girar y parar. Lo básico. La primera vez que lo intenté sola se escucharon más mis gritos que las ruedas girando a toda velocidad.
La segunda vez lo hice mejor y ya a la tercera, se puede decir que genial.
-Hey.-Dije pasando a toda velocidad por la tabla justo por la cara de Justin, en uno de sus descuidos aproveché y le quité su gorra, para ponermela yo.
-He aprendido rápido, eh.
-Claro, gracias a tu profesor.-Se alagó a sí mismo.
-No vas a cambiar.
Como respuesta se elevó de hombros.
Me empecé a cansar de estar de pie encima del Skater, así que me senté y cogí velocidad con las manos.
-No conocía esa técnica.-Dijo dándome un refresco. Él tenia otro para él.
-Soy una caja de sorpresas.
-No lo dudo.
Me cambié de posición y quité mis piernas cruzadas, esta vez para ponerlas pegadas a mi cuerpo, en forma de una V al revés. Las abracé intentando dejar todo el espacio posible atrás.
Era una tabla grande, demasiado diría yo. Así que Justin pudo sentarse en el hueco libre, dejando sus piernas fuera.
La tabla empezó a moverse, pero esta vez gracias a él. Subió sus piernas al Skater en uno de los huecos libres y me agarró de la cintura.
Nos alejamos de la multitud como locos, con nuestras bebidas para aliviar el calor en la mano. Tenia un cierto sabor a limón, la verdad, refrescaba mucho.
Tomé otro solvo. Y ya el último. Giré con mi mano la tabla hacía una papelera negra que se hallaba en la calle y ahí lo tiré. Justin aprovechó e hizo mi mismo gesto.
Avanzamos un poco hasta que llegamos a una cuesta bastante empinada. Paré el Skater en cero coma.
-¿Qué pasa?
-No pienso bajar. Seguro que no lleg...-Me cortó.
-¡Hey! ¡Hola Brit!
Me giré desesperada hasta la dirección donde él estaba mirando buscando a mi amiga. Pero por rareza no vi a nadie. Fui a volver a preguntarle a Justin donde pero en menos que canta un gallo nos estábamos moviendo por aquella infinita cuesta con dirección hacía abajo.
¡Emma! ¡Eres idiota! ¿Y tú te crees todo lo que te digan? De nuevo, idiota.
Grité, lo contrario de Justin. El reía.
Cerré los ojos esperando a que volviéramos a estar en linea recta. Que por cierto, para mi se hizo eterno.
Me gustó en el fondo, pero muy en el fondo. Para poder parar tuvimos que tirarnos de la tabla al suelo. Según él yo estaba blanca como una hoja de papel y no me extraña.
-Genial.-Musité.
Por parte de él solo recibía carcajadas. Me molesté pero a la vez me intentaba no contagiarme como otras veces.
Un mensaje. Mi móvil me lo dio a saber con su típico "Tim".
Lo abrí:
"¿Se lo dices tú o se entera por aun anónimo?"
Me tensé. De nuevo anónimo. Borré el mensaje y guardé el móvil, seguido me senté y a mi gesto él hizo lo mismo.
-Nena, ¿Pasa algo?
-Yo... Tengo que decirte algo Justin.
-¡Hey!.-Unos brazos rodearon mi cuello por dentras.-¿Qué hacéis aquí tirados en medio de la calle?
-¡Tío! No hay quien te vea.-Ryan chocó su mano con la de Justin.
-Brit, me vas a asfixiar.-Le abvertí a mi querida amiga.
NARRA JUSTIN
Ryan, totalmente inoportuno como siempre.
Miré a Brit, ella puede ayudarme. Le hice unas señas con los dedos en señal de que nos apartaramos un poco de ellos y pudieramos conversar.
Ella lo entendió perfectamente y por suerte Emma no me vio. Ryan me echó una mirada desafiante y Brit le hizo señas en señal de que no pasaba nada.
-Necesito tu ayuda.
-¿Justin Bieber? ¿Pidiéndome ayuda a mi?
-Es por Emma.-Ambos la miramos unos segundos como reía con Ryan.-Necesito hablar contigo mañana. A las 10 en la puerta del Centro Comercial. Sé puntual y puedes decirle a Ryan que venga, es mejor si no quiero llevarme..,-Lo miré.-Es mejor.
Di un paso para volver a unirme a ellos, pero retrocedí.
-Y sé discreta.
Me asintió y de la forma más natural volvimos y nos metimos en la conversación como si hubieramos estado desde el principio.
To the limit {30}
-¿Justin sabe que tú llegaste a cortarte?
-No.
-Emm... Tenías que haberselo contado. Él te querrá de todos modos.
-Mamá, ¿Quién me asegura eso?
Ella no contesto. Nadie se lo aseguraba.
No me gusta. No quiero hablar de esto. Ya no tengo heridas visibles de esa noche. Yo era pequeña, inocente. Sabía lo que hacía, pero no a lo que me arriesgaba.
-Es mejor que descanses cariño.
Cuando me di cuenta mi madre cerraba la puerta de mi habitación. Suspiré profundo. Miro por la ventana, y recuerdo todo como si lo estaría viviendo.
Corría mucho. Muy rápido. Asustada, con ganas de huir. Era pequeña, ¿11 años? sí, exactamente 11. Tropecé con una piedra, pero no me levante. Me quedé ahí, llorando como lo que era. Una cría.
Me apoyé con las rodillas y las manos, de cara al suelo. Levanté un poco la mirada y aun que las lágrimas me nublaban la vista, pude distinguir un trozo de cristal de botella, con sus esquinas perfectamente afiladas.
Me senté en el suelo y lo observe por cinco segundos. Luego cuando mis pensamientos me sacaban de la realidad entre de hacerlo o no, ya tenia el trozo de cristal en mis manos. Me remangué un poco el puño del chaquetón con dificultad, ya que era de gran grosor. Miré mi muñeca, volví a mirar aquella arma que tenia entre mis manos. Me lo pensé dos veces, pero no tres.
Lo siguiente que recuerdo es un fuerte dolor, pero que sabia a alivio. Uno, dos, tres goteras de sangre en el suelo. Un escalofríos pasó por mi cuerpo al notar el simple tacto del cristal, que posiblemente estaba infectado. Luego todo se volvió oscuro.
Salí de mi pasado, aferrándome en el presente. Miré la misma muñeca que años atrás tenia marcas.
Ya no se notaba nada.
Me acuerdo cuando se lo contó mi madre a Jack, creyendo que lo él ya lo sabia. No me habló en un mes, y eso que llevábamos 6 saliendo.
Él, junto con Brit y mis padres son los únicos que lo saben. Y espero que ya mismo, Justin.
Pero, ¿Y si me deja? ¿Y si se enfada por no haberselo contado? quien va a querer tener una novia que se ha cortado.
-Nena...-Di un salto.
-¡Joder Justin!.-Grite poniéndome la mano en el corazón.-¿Cuándo has entrado?
-Hace nada, te vi pensativa.
-Lo estaba.
-Normal cariño, yo también te tengo en mi cabeza todo el día.
-Imbecil.
Me quede mirándole analizando su ropa, una simple de cuello con forma de V y unos jeans caídos negros, acompañado de unas Supras rojas, y todo eso complementado con una gorra, al igual negra, con un cartel rojo que ponía "Obey", y esta en letras blancas.
Me puse de pie pero rápidamente unos brazos me agarraron por la cintura, puse mis manos encima de estos apretándolo más a mi.
-No te enfades...-Hizo una pausa.-Quería darte una sorpresa.
-Me has dado un buen susto.
Me giró como si de una peonza tratase.
Me apretó más a su cuerpo, miró mis labios a la vez que se mordía los suyos. Creo que ambos sentimos esas mariposas en el estomago, no soy partidaria de los bichos, pero se siente tan realmente bien. Sé que a él le pasa lo mismo por la expresión de su cara, arrugó un poco la nariz y encogió el estómago.
Nos dimos cuentas de la situación, parece que Justin no sé acostumbra a esto. Ya sabes, de estar solo con una chica y sentir esas cosas. Si es que las siente.
No espero más y atrapó mis labios entre los suyos haciendo que me diera otro cosquilleo aun más intenso por el sobresalto.
Un sobresalto precioso.
Mi lengua va a buscar batalla y la encuentra. Justin sonríe sobre mis labios victorioso, por ser mi lengua quien le rogara a él.
Y yo misma me mareo de las vueltas que da dentro de su boca, en uno de mis descuidos me tira un mordisco, que literalmente me dolió. Le respondo con un gruñido y él con otro a mi siguiente acto. Un pellizco en el costado.
Saco mi lengua por falta de aire, pero él no se rinde y atrapa mi labio inferior entre sus blancos y perfectos dientes.
-Just... tin.-Intento decir.-¡Su... elta... me!
-Me temo que no.-Consigue vocalizar porfectamente.
Anda hacía atrás dirección a la cama. Y lleva aun mi labio con él.
Avanzo a su paso, ¡Joder Emma! ¡No! ¡Aquí y ahora no!
Él se se tira en la cama y yo caigo encima de él, por fin mi labio vuelve a su sitio por si solo.
-Ay.-Me quejo a la vez que con esfuerzo consigo mirarmelo.-Lo tengo rojo idiota.
-No te quejes tanto y dame un beso. O más de uno.
-Con el de antes te basta y te sobra.
-No. Ni me basta ni me sobra.
Cosas así hace que sonría sin ningún motivo, como seguro estoy haciendo ahora mismo. Pero a pesar de todo, me resigno y le doy un dulce besito.
Sus manos bajan a mi trasero y aprieta este con fuerza, que hace que suelte un gemido. Me pongo roja al instante y por parte de Justin consigo una risita.
-Te odio.-Le digo dándole un leve golpe.
Da una vuelta en redondo quedando esta vez él encima mía, le miro con la ceja arqueada, y el arquea las dos por dos veces. Ese gesto me hace reír.
-Yo también.
-Entonces, quítate de encima.
-Después de hacer una cosa.
-¿El qué?
Apartó mi pelo hacía el lado derecho y hundió su cabeza en mi cuello.
-Esto.-Me susurró al oído.
Empecé a notar el tacto de sus labios en este, "Bendito sea los labios de este chico." me decía mis adentros.
Daba pequeños besitos sonoros, pero intensos. Hasta que subió la temperatura y ya no era pequeños besitos, me estaba comiendo el cuello literalmente. Como si se estuviera liando con alguien, incluyendo la lengua. En este caso era mi cuello.
Podía imaginarme mi interior derretido completamente como un caramelo fundido por demasiado calor.
Solté un fuerte suspiro por no gemir en alto.
Mi camiseta se estaba levantando un poco, y no era presisamente por mi postura. La causa eran unas manos que cuando me tocaban me producían electricidad, pero me encantaba.
La tenia subida un poco más arriba del ombligo, pasaba sus dedos por mi barriga como si de pluma se tratara, la acariciaba y si se puede decir así, la arañaba, pero sin dolor.
Levanto mi mandíbula y su lengua empezó a moverse por mi garganta. Obviamente por fuera.
Luego hizo un recorrido de besos desde esta bajando poco a poco.
-Justin...
-Hmm...-Me contestó como si fuera un "¿Sí?".
-Así no. Y menos aquí.
Paró en seco y se quedo mirándome a los ojos, yo intenté ponerle cara de cachorrito sin ser exagerada. Me miró y suspiró vencido.
-Me cuesta resistirme nena.
-No te digo que yo no quiera.-Dije resaltando el yo.-Solo que aquí no.
Puede que os parezca raro, pero Justin y yo llevamos un mes y aun no lo hemos echo. Para él es un recod y para mi lo más normal del mundo.
-O sea, que quieres, pero no quieres hacerlo en tú cuarto.-Me sacó de mis pensamientos.
-Quítate de encima mía.
Y por rara vez lo hizo. Me extendió sus manos en señal de que las cogiera para ayudarme.
NARRA JUSTIN
Ella quiere una primera vez. O por lo menos conmigo. Especial, y yo tengo que recompensarla por nuestra última pelea, y tu amigo ya no aguanta más Bieber, aun que eso sea lo de menos.
-Emm, te propongo pasar unos de los días más intensos juntos. Ya que mañana no podemos vernos.
-¿Porque no?
-Porque no.
-Eso no me vale.
-No seas tan preguntona. Preparate, te voy a llevar a un sitio.
-No quiero.
-¿Cómo?
-Que no quiero, hasta que me digas que vas a hacer mañana.
-Unos encargos.-El ambiente se relajó un poco.
-Oh no, por favor. No me salgas con que traficas también.-Bromeó.
-No te saldré como ese cabrón, te lo aseguro.
Sonrío a mi broma, por fin.
-¿Entonces?
-Esta bien.
No lo pensó dos veces y se fue al armario, abrió las dos puertas de par en par e hizo un gesto gracioso con la cara pensando que ponerse. Mientras tanto, yo me eche en su cama, con mis manos cruzadas en mi nuca, observándola.
-¿Tengo que ir muy arreglada?
-No.
Estiró la mano y sacó una camiseta ancha y larga, de tirantes azul oscuro, y en letras rojas ponia "My superhero.", luego un sujetador tipo camiseta, sin tirantes rojo unos shorts del mismo color. Seguido me miro y entró en el baño.
Al cabo de uno cinco minutos salió, la ropa que había escogido le quedaba tan realmente bien... se veía tan... tan... sexy.
Puso sus brazos en jarras esperando a que le diera mi opinión.
-Preciosa.-Dije con toda sinceridad.
No dijo ni una palabra y se adentró de nuevo en el baño.
Mientras tanto observé su habitación de arriba a bajo, cogí el cojín que tenia justo alado mía. Olía a ella, a su perfume favorito y el que casi siempre usaba. Tenia un olor dulce, como a frutas y un toque fuerte de chica mala. Ella seguro que duerme con este cojín.
¿Como sería dormir con ella? tenerla horas y horas pegada a ti. Aun que contigo Bieber, lo de dormir con una chica no te va.
Las veces que he pasado la noche con chicas no ha sido presisamente para eso.
Revisé de nuevo la habitación y fijé mi vista en su mesita de noche. Me llamó la atención algo morado que sobresalía de uno de los cajones y no me lo pensé dos veces. Me acerqué y abrí el cajón.
Es un pañuelo, morado y con unos dibujos extraños blancos. Lo olí, tiene el mismo olor que el cojín. Solo que con menos perfume y más su olor propio.
Lo volví a oler y sonreí.
Oh Bieber, te estas volviendo estúpido, ¿Desde cuando haces eso de sonreír sin más? Claro, desde que Emma llegó a tu vida.
La puerta se abrió, ya estaba vestida, con unas Vans negras, su pelo con unas ondulaciones perfectas que quedaba mejor con su color de ojos.
-¿Te gusta?.-Me dijo.
-Preciosa.
-Gracias.-Hizo una pausa sentándose a mi lado.-Pero me refería a eso.-Señaló el pañuelo.
Reí ante mi tonta confusión.
-Sí.
-Me lo regalaron cuando era muy pequeña, y no sé porqué. Pero le cogí muchísimo cariño.
-No sabía que tenia una historia.
-Todo tiene una historia.
-Oh, eres toda una filósofa.
-Lo sé.-Presumió.
-¿Me lo das?
Me miró con la ceja levantada, saqué el labio inferior imitando una carita de súplica. Se lo volvió a pensar dos veces y por fin, suspiró.
-Prométeme que lo vas a cuidar, como te he dicho, le tengo mucho cariño.
-Te lo prometo.-Y seguido le di un corto beso.
-¿A dónde me vas a llevar?
-Es una sorpresa.-Dije poniéndome en pie.
Dejé que ella saliera primero de su habitación y bajamos al mismo ritmo las escaleras, mientras tanto me liaba el pañuelo a mi muñeca, acabándolo en un pequeño nudo.
-Adiós mamá.
-Adiós cariño. ¡Tened cuidado!.-Emma rodó los ojos.
-Lo tendremos.
-La traeré sana y salva.
-No.
-Emm... Tenías que haberselo contado. Él te querrá de todos modos.
-Mamá, ¿Quién me asegura eso?
Ella no contesto. Nadie se lo aseguraba.
No me gusta. No quiero hablar de esto. Ya no tengo heridas visibles de esa noche. Yo era pequeña, inocente. Sabía lo que hacía, pero no a lo que me arriesgaba.
-Es mejor que descanses cariño.
Cuando me di cuenta mi madre cerraba la puerta de mi habitación. Suspiré profundo. Miro por la ventana, y recuerdo todo como si lo estaría viviendo.
Corría mucho. Muy rápido. Asustada, con ganas de huir. Era pequeña, ¿11 años? sí, exactamente 11. Tropecé con una piedra, pero no me levante. Me quedé ahí, llorando como lo que era. Una cría.
Me apoyé con las rodillas y las manos, de cara al suelo. Levanté un poco la mirada y aun que las lágrimas me nublaban la vista, pude distinguir un trozo de cristal de botella, con sus esquinas perfectamente afiladas.
Me senté en el suelo y lo observe por cinco segundos. Luego cuando mis pensamientos me sacaban de la realidad entre de hacerlo o no, ya tenia el trozo de cristal en mis manos. Me remangué un poco el puño del chaquetón con dificultad, ya que era de gran grosor. Miré mi muñeca, volví a mirar aquella arma que tenia entre mis manos. Me lo pensé dos veces, pero no tres.
Lo siguiente que recuerdo es un fuerte dolor, pero que sabia a alivio. Uno, dos, tres goteras de sangre en el suelo. Un escalofríos pasó por mi cuerpo al notar el simple tacto del cristal, que posiblemente estaba infectado. Luego todo se volvió oscuro.
Salí de mi pasado, aferrándome en el presente. Miré la misma muñeca que años atrás tenia marcas.
Ya no se notaba nada.
Me acuerdo cuando se lo contó mi madre a Jack, creyendo que lo él ya lo sabia. No me habló en un mes, y eso que llevábamos 6 saliendo.
Él, junto con Brit y mis padres son los únicos que lo saben. Y espero que ya mismo, Justin.
Pero, ¿Y si me deja? ¿Y si se enfada por no haberselo contado? quien va a querer tener una novia que se ha cortado.
-Nena...-Di un salto.
-¡Joder Justin!.-Grite poniéndome la mano en el corazón.-¿Cuándo has entrado?
-Hace nada, te vi pensativa.
-Lo estaba.
-Normal cariño, yo también te tengo en mi cabeza todo el día.
-Imbecil.
Me quede mirándole analizando su ropa, una simple de cuello con forma de V y unos jeans caídos negros, acompañado de unas Supras rojas, y todo eso complementado con una gorra, al igual negra, con un cartel rojo que ponía "Obey", y esta en letras blancas.
Me puse de pie pero rápidamente unos brazos me agarraron por la cintura, puse mis manos encima de estos apretándolo más a mi.
-No te enfades...-Hizo una pausa.-Quería darte una sorpresa.
-Me has dado un buen susto.
Me giró como si de una peonza tratase.
Me apretó más a su cuerpo, miró mis labios a la vez que se mordía los suyos. Creo que ambos sentimos esas mariposas en el estomago, no soy partidaria de los bichos, pero se siente tan realmente bien. Sé que a él le pasa lo mismo por la expresión de su cara, arrugó un poco la nariz y encogió el estómago.
Nos dimos cuentas de la situación, parece que Justin no sé acostumbra a esto. Ya sabes, de estar solo con una chica y sentir esas cosas. Si es que las siente.
No espero más y atrapó mis labios entre los suyos haciendo que me diera otro cosquilleo aun más intenso por el sobresalto.
Un sobresalto precioso.
Mi lengua va a buscar batalla y la encuentra. Justin sonríe sobre mis labios victorioso, por ser mi lengua quien le rogara a él.
Y yo misma me mareo de las vueltas que da dentro de su boca, en uno de mis descuidos me tira un mordisco, que literalmente me dolió. Le respondo con un gruñido y él con otro a mi siguiente acto. Un pellizco en el costado.
Saco mi lengua por falta de aire, pero él no se rinde y atrapa mi labio inferior entre sus blancos y perfectos dientes.
-Just... tin.-Intento decir.-¡Su... elta... me!
-Me temo que no.-Consigue vocalizar porfectamente.
Anda hacía atrás dirección a la cama. Y lleva aun mi labio con él.
Avanzo a su paso, ¡Joder Emma! ¡No! ¡Aquí y ahora no!
Él se se tira en la cama y yo caigo encima de él, por fin mi labio vuelve a su sitio por si solo.
-Ay.-Me quejo a la vez que con esfuerzo consigo mirarmelo.-Lo tengo rojo idiota.
-No te quejes tanto y dame un beso. O más de uno.
-Con el de antes te basta y te sobra.
-No. Ni me basta ni me sobra.
Cosas así hace que sonría sin ningún motivo, como seguro estoy haciendo ahora mismo. Pero a pesar de todo, me resigno y le doy un dulce besito.
Sus manos bajan a mi trasero y aprieta este con fuerza, que hace que suelte un gemido. Me pongo roja al instante y por parte de Justin consigo una risita.
-Te odio.-Le digo dándole un leve golpe.
Da una vuelta en redondo quedando esta vez él encima mía, le miro con la ceja arqueada, y el arquea las dos por dos veces. Ese gesto me hace reír.
-Yo también.
-Entonces, quítate de encima.
-Después de hacer una cosa.
-¿El qué?
Apartó mi pelo hacía el lado derecho y hundió su cabeza en mi cuello.
-Esto.-Me susurró al oído.
Empecé a notar el tacto de sus labios en este, "Bendito sea los labios de este chico." me decía mis adentros.
Daba pequeños besitos sonoros, pero intensos. Hasta que subió la temperatura y ya no era pequeños besitos, me estaba comiendo el cuello literalmente. Como si se estuviera liando con alguien, incluyendo la lengua. En este caso era mi cuello.
Podía imaginarme mi interior derretido completamente como un caramelo fundido por demasiado calor.
Solté un fuerte suspiro por no gemir en alto.
Mi camiseta se estaba levantando un poco, y no era presisamente por mi postura. La causa eran unas manos que cuando me tocaban me producían electricidad, pero me encantaba.
La tenia subida un poco más arriba del ombligo, pasaba sus dedos por mi barriga como si de pluma se tratara, la acariciaba y si se puede decir así, la arañaba, pero sin dolor.
Levanto mi mandíbula y su lengua empezó a moverse por mi garganta. Obviamente por fuera.
Luego hizo un recorrido de besos desde esta bajando poco a poco.
-Justin...
-Hmm...-Me contestó como si fuera un "¿Sí?".
-Así no. Y menos aquí.
Paró en seco y se quedo mirándome a los ojos, yo intenté ponerle cara de cachorrito sin ser exagerada. Me miró y suspiró vencido.
-Me cuesta resistirme nena.
-No te digo que yo no quiera.-Dije resaltando el yo.-Solo que aquí no.
Puede que os parezca raro, pero Justin y yo llevamos un mes y aun no lo hemos echo. Para él es un recod y para mi lo más normal del mundo.
-O sea, que quieres, pero no quieres hacerlo en tú cuarto.-Me sacó de mis pensamientos.
-Quítate de encima mía.
Y por rara vez lo hizo. Me extendió sus manos en señal de que las cogiera para ayudarme.
NARRA JUSTIN
Ella quiere una primera vez. O por lo menos conmigo. Especial, y yo tengo que recompensarla por nuestra última pelea, y tu amigo ya no aguanta más Bieber, aun que eso sea lo de menos.
-Emm, te propongo pasar unos de los días más intensos juntos. Ya que mañana no podemos vernos.
-¿Porque no?
-Porque no.
-Eso no me vale.
-No seas tan preguntona. Preparate, te voy a llevar a un sitio.
-No quiero.
-¿Cómo?
-Que no quiero, hasta que me digas que vas a hacer mañana.
-Unos encargos.-El ambiente se relajó un poco.
-Oh no, por favor. No me salgas con que traficas también.-Bromeó.
-No te saldré como ese cabrón, te lo aseguro.
Sonrío a mi broma, por fin.
-¿Entonces?
-Esta bien.
No lo pensó dos veces y se fue al armario, abrió las dos puertas de par en par e hizo un gesto gracioso con la cara pensando que ponerse. Mientras tanto, yo me eche en su cama, con mis manos cruzadas en mi nuca, observándola.
-¿Tengo que ir muy arreglada?
-No.
Estiró la mano y sacó una camiseta ancha y larga, de tirantes azul oscuro, y en letras rojas ponia "My superhero.", luego un sujetador tipo camiseta, sin tirantes rojo unos shorts del mismo color. Seguido me miro y entró en el baño.
Al cabo de uno cinco minutos salió, la ropa que había escogido le quedaba tan realmente bien... se veía tan... tan... sexy.
Puso sus brazos en jarras esperando a que le diera mi opinión.
-Preciosa.-Dije con toda sinceridad.
No dijo ni una palabra y se adentró de nuevo en el baño.
Mientras tanto observé su habitación de arriba a bajo, cogí el cojín que tenia justo alado mía. Olía a ella, a su perfume favorito y el que casi siempre usaba. Tenia un olor dulce, como a frutas y un toque fuerte de chica mala. Ella seguro que duerme con este cojín.
¿Como sería dormir con ella? tenerla horas y horas pegada a ti. Aun que contigo Bieber, lo de dormir con una chica no te va.
Las veces que he pasado la noche con chicas no ha sido presisamente para eso.
Revisé de nuevo la habitación y fijé mi vista en su mesita de noche. Me llamó la atención algo morado que sobresalía de uno de los cajones y no me lo pensé dos veces. Me acerqué y abrí el cajón.
Es un pañuelo, morado y con unos dibujos extraños blancos. Lo olí, tiene el mismo olor que el cojín. Solo que con menos perfume y más su olor propio.
Lo volví a oler y sonreí.
Oh Bieber, te estas volviendo estúpido, ¿Desde cuando haces eso de sonreír sin más? Claro, desde que Emma llegó a tu vida.
La puerta se abrió, ya estaba vestida, con unas Vans negras, su pelo con unas ondulaciones perfectas que quedaba mejor con su color de ojos.
-¿Te gusta?.-Me dijo.
-Preciosa.
-Gracias.-Hizo una pausa sentándose a mi lado.-Pero me refería a eso.-Señaló el pañuelo.
Reí ante mi tonta confusión.
-Sí.
-Me lo regalaron cuando era muy pequeña, y no sé porqué. Pero le cogí muchísimo cariño.
-No sabía que tenia una historia.
-Todo tiene una historia.
-Oh, eres toda una filósofa.
-Lo sé.-Presumió.
-¿Me lo das?
Me miró con la ceja levantada, saqué el labio inferior imitando una carita de súplica. Se lo volvió a pensar dos veces y por fin, suspiró.
-Prométeme que lo vas a cuidar, como te he dicho, le tengo mucho cariño.
-Te lo prometo.-Y seguido le di un corto beso.
-¿A dónde me vas a llevar?
-Es una sorpresa.-Dije poniéndome en pie.
Dejé que ella saliera primero de su habitación y bajamos al mismo ritmo las escaleras, mientras tanto me liaba el pañuelo a mi muñeca, acabándolo en un pequeño nudo.
-Adiós mamá.
-Adiós cariño. ¡Tened cuidado!.-Emma rodó los ojos.
-Lo tendremos.
-La traeré sana y salva.
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